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La vacuna contra el cáncer, creada por latinoamericanos y que pronto llegará a México

Publicado el: 04 de Febrero de 2014

“Lo considero una persona inteligente y yo acostumbro dar diagnósticos directos: usted tiene cáncer de pulmón”. Las palabras del médico paralizaron de miedo a Peter Czanyo, argentino de 47 años, divorciado, padre de dos hijas, empleado en una empresa de alfombras. Era una calurosa mañana de marzo y hacía apenas unos días que, por petición de su novia, se había practicado un chequeo general. Además del colesterol y los triglicéridos, un elemento extraño apareció en una tomografía, así que fue a visitar a un especialista.


Cuando el médico me dijo que tenía cáncer de pulmón se me derrumbó el mundo. Apenas salí, llamé a la chica con la que salía y comencé a llorar”, recuerda.

Peter entró en una vorágine física y emocional. A los 10 días del diagnóstico, ingresó a un quirófano; le extirparon medio pulmón izquierdo e inició un proceso de recuperación gracias a que el cáncer no había hecho metástasis. Hoy, 10 años después y con 57 años, Peter escala montañas, corre maratones y dirige la Fundación Pacientes de Cáncer de pulmón en Argentina.


Se trató de un caso extraño de supervivencia, porque el tipo de cáncer que padece tiene una letalidad de 85 a 90%. Es, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, el cáncer que más muertes causa en el mundo: 1.3 millones de personas, en promedio, al año.


La fundación que dirige Peter arrastra un sino trágico: casi no tiene miembros, porque la mayoría, muere. Pero este año, una luz se encendió para los pacientes con cáncer de pulmón bajo el extraño nombre de Racotumomab.


En busca de una vacuna


El Centro de Inmunología Molecular de La Habana y el Laboratorio Elea, de Argentina, iniciaron en 1995 una investigación de tratamientos contra el cáncer. Al principio trabajaron sobre el de piel y el de mama, pero luego tuvieron que readaptar el proyecto.

El cáncer de pulmón no era el primero en la lista. Reacomodamos la investigación cuando descubrimos que esta variante de cáncer era la más promisoria para tratar”, explica Daniel Alonso, director científico del Consorcio de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) que en mayo de 2013 anunció el descubrimiento de la vacuna terapéutica Racotumomab.


Alonso relata los pormenores de la exitosa y esperanzadora investigación en la minúscula oficina que ocupa como director del Laboratorio de Oncología Molecular de la Universidad de Quilmes, una de las instancias estatales de Argentina que se sumó al proyecto inicial para crear, en 2006, el Consorcio I+D+i en el que también participan el Instituto de Oncología Ángel Roffo, el Hospital Garrahan, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el Centro de Inmunología Molecular y el grupo empresarial privado Insud.


El desarrollo de la vacuna es algo innovador en sí mismo, pero tiene un atractivo extra: es la primera vez, en América Latina, que un logro científico de esta envergadura se alcanza gracias a la colaboración estatal y privada, con una inversión superior a los 50 millones de dólares, realizada a lo largo de 18 años y con una participación de 90 científicos.


La etapa más larga y compleja fue la clínica, la experimentación en pacientes, porque a eso se llega si uno previamente demostró que hay un blanco que atacar en las células cancerosas”, recuerda Alonso.


La vacuna demostró su efectividad en la etapa preclínica: en células en cultivo, en animales, en modelos de laboratorio. Cuando los científicos tuvieron pruebas suficientes de que era segura y efectiva, lo cual tardó alrededor de dos años, se dio el siguiente paso: la autorización para aplicarla en humanos. Se realizaron varias fases de pruebas. En ellas, los retos fueron reclutar a los voluntarios, demostrar la efectividad de la vacuna y valorar la sobrevida de los pacientes.


El cáncer de pulmón puede ser de “células pequeñas” o de “células no pequeñas (CNP)”. El segundo es el más común y el más peligroso, ya que es la variante asociada al tabaquismo y la que ataca a 90% de los pacientes. Fue justo en las CNP en donde los investigadores probaron la variante más promisoria de su vacuna.


Cuando se superó la etapa clínica, el Consorcio de Investigación trabajó con dos grupos de pacientes a los que se aplicó la vacuna por sorteo. A unos les suministraron Racotumomab y a otros, placebos, mientras continuaban recibiendo los tratamientos tradicionales. A los dos años analizaron los resultados. Entre los pacientes que no recibieron la vacuna, solo sobrevivió el 8.0%. Falleció el 92%, la tasa común de mortalidad. Pero en el grupo que recibió el nuevo medicamento, sobrevivió el 24%. La esperanza de vida se triplicó.


Los números parecen discretos, pero esta diferencia fue significativa, permitió registrar el medicamento. Si lo miras al revés, los resultados quieren decir que más de la mitad de pacientes no se beneficia con el tratamiento. Hay que ver también lo compleja que es esta patología, quizá solo una tercera parte de los pacientes se va a beneficiar, pero uno tiene que entusiasmarse, porque cuando ocurre algo nuevo en oncología sucede así, de a poco”, cuenta Alonso.

Es cierto, en oncología se avanza poco a poco, sobre todo porque el cáncer es una enfermedad muy difícil de tratar; es un padecimiento que ha impuesto una serie de retos a quienes buscan encontrar una cura.


Cada uno de los más de 150 tipos de cáncer detectados, hasta ahora, tiene sus particularidades y estas dependen, en gran medida, de las características genéticas de cada paciente. No es lo mismo un cáncer de vesícula en una mujer que en un hombre ni en un anciano o un joven.

También hay un abismo de diferencias entre las investigaciones, los fondos destinados para su estudio y los tratamientos existentes para los diferentes tipos de cáncer.


Ningún cáncer, aun si afecta al mismo órgano, es igual a otro. Y las reacciones a los tratamientos tampoco son las mismas, lo que dificulta la etapa de experimentación que a veces es exitosa en animales, pero fracasa en humanos.


Por más que el buscador de Google muestre cientos de informes sobre supuestas “curas” e historias acerca de las malévolas conspiraciones de los laboratorios para ocultar “la medicina” que terminaría con el padecimiento, la verdad es que el cáncer todavía es una patología difícil de descifrar y combatir, aunque ya hay oncólogos optimistas que vaticinan que, a más tardar, en cinco décadas se tendrá una cura definitiva.


El colado de la fiesta


Hay una fiesta de disfraces, pero es tal la cantidad de invitados que el anfitrión no puede detectar a un colado, un elemento dañino e indeseable. Por suerte, alguien termina descubriendo al intruso, le quita la máscara y lo echa. La fiesta es la convivencia en el sistema inmune del cuerpo humano. El colado es el cáncer de pulmón. Y quien lo descubre, la vacuna Racotumomab.


Con ayuda de esta metáfora, el doctor Alonso explica de modo sencillo la manera cómo actúa el nuevo medicamento.


Los tumores que enferman al paciente tienen que ser entendidos como células del propio individuo que han degenerado por mutaciones, aunque sean células, son células alteradas, lo que explica que sean toleradas por el sistema inmune, porque más allá de sus daños pertenecen al propio organismo y este las tolera, no las ataca. Lo que hace la vacuna es ayudar a desenmascarar el tumor que el sistema inmune no ve y que es el colado de la fiesta. Le saca la careta gracias al antígeno que le pone la vacuna, le dice: ‘ojo, este no estaba invitado’ ”.


La vacuna induce una potente respuesta, que hace que los anticuerpos y células producidos por el organismo actúen en contra del tumor principal y de la metástasis, sin afectar los tejidos sanos. Se aplica a pacientes con cáncer de pulmón avanzado que ya recibieron tratamientos de quimio o radioterapia, e incluso ambos. Es decir, es complementaria, pero de ninguna manera sustituye los tratamientos tradicionales. La ventaja es que casi no tiene efectos adversos. El protocolo indica que deben aplicarse cinco inyecciones cada 14 días, y después un refuerzo mensual de mantenimiento. Además, la aplicación es en el consultorio médico, por lo que el paciente no tiene que internarse en un hospital.


¿Es una vacuna?


Cuando se anunció la autorización para comercializar Racotumomab, las reacciones oscilaron entre la esperanza y los cuestionamientos sobre su efectividad.

Mi esposo tiene cáncer de pulmón, recién detectado. Estamos por empezar quimioterapia y esta noticia me da muchas esperanzas. Hoy llamo al médico que lo está tratando para decirle sobre este nuevo tratamiento”, comentó Claudia F. en una de las notas periodísticas que se publicaron en Argentina sobre la vacuna.


¡Qué buena noticia!, actualmente mi madre lucha contra este mal, un cáncer en estadio cuatro, y la verdad que renace en nuestros corazones la esperanza y las ganas de seguir luchando”, agregó Walter P.


Mikel C., de Córdoba, contó que tres meses atrás había concluido seis ciclos de quimioterapia, pero que en su próximo control consultaría sobre la posibilidad de comenzar a ser tratado con la vacuna. Alejandra Arriola también se confesó esperanzada, ya que su padre padecía cáncer de pulmón, pero la quimioterapia solo había empeorado su estado y ya no había más alternativas, salvo esta nueva vacuna.


La mayoría de las personas que comentaron la noticia en las redes sociales coincidieron en que lo mejor para combatir el cáncer de pulmón era abandonar el cigarro y dejar de estar a la espera de los avances médicos. Pero hubo otros que iniciaron un debate al advertir que, si Racotumomab no servía para prevenir, entonces no era una vacuna. El doctor Alonso asume las dudas que genera el término y explica:


En estricto sentido Racotumomab sí es una vacuna, porque se inyecta para que la inmunidad se active, lo que pasa es que todos en la calle asumen el término como algo preventivo. ‘Vacuna’ es una simplificación que lleva a una idea errónea; esto no es más que un producto terapéutico que permite al paciente reactivar sus defensas para atacar ese residuo de células cancerosas que le quedan luego de otros tratamientos”.


El nombre técnico más correcto —precisa— sería “inmunoterapia activa”, un tratamiento que estimula activamente la inmunidad del propio paciente, lo que es una importante innovación porque, hasta ahora, la gran cantidad de productos inmunitarios que se usan en cáncer son anticuerpos producidos en laboratorios, pero con el Racotumomab se inyecta una sustancia al paciente para que su propio cuerpo sea el que ataque a las células cancerosas.

Peter Czanyo, presidente de la Fundación Pacientes de Cáncer de Pulmón en Argentina, también reconoce sus reparos con la manera como se anunció el descubrimiento, sobre todo porque generó confusión en los pacientes.


El problema es que tenemos el concepto de las vacunas que nos previenen de distintas enfermedades, pero en este caso no es así. Es una terapia alternativa que no reemplaza la quimio ni la radioterapia, ni mucho menos quiere decir que si te la inyectan no vas a tener nunca cáncer de pulmón. Cuando las personas escuchan que hay una nueva vacuna, sobre todo los que están enfermos, escuchan otra cosa. Quieren creer que ya se encontró la cura”, apunta.


Alonso explica que el Consorcio que lanzó la vacuna continúa con su trabajo y mantiene varias líneas de investigación y desarrollo en inmunoterapia, en colaboración con el Centro de Inmunología Molecular de La Habana: “Un gran desafío es extender la aplicación de Racotumomab a otras indicaciones oncológicas y demostrar el beneficio de utilizar la inmunoterapia activa, junto a la quimio y radioterapia”.


Por ahora, el Consorcio en Argentina ya tiene avances en una serie de compuestos sintéticos que podrían aplicarse como auxiliares en la cirugía oncológica, reduciendo el riesgo de sangrado y de metástasis postoperatorias.


El principio de “inmunoterapia activa” de la nueva vacuna podría replicarse en un futuro no muy lejano —detalla el especialista— ya que en varios países se realizan investigaciones para estimular la inmunidad contra antígenos de variantes de otros tipos de cáncer.


Más allá de los avances en la lucha contra el cáncer, Alonso y Czanyo coinciden en la importancia de evitar las teorías extremas: porque ni un diagnóstico de cáncer implica una inevitable condena a muerte ni los tratamientos terapéuticos son milagrosos.


El cáncer tiene un estigma horrible —reconoce Czanyo—, mi mamá no lo quería ni nombrar. Nuestra cabeza le pone tal connotación de muerte que no se le quiere pronunciar, pero hay que mencionarlo, perder el temor y, lo más importante, enfrentar el miedo, porque el miedo es a veces peor que el propio cáncer”.


Por su parte, Alonso subraya: “La vacuna no es una cura milagrosa, está validada para una etapa específica del tumor. Lo que no quiere decir que con el tiempo, el día de mañana, no sirva en otros momentos de la enfermedad”. Para llegar a eso, todavía habrá que esperar.


¿Y en México?


La vacuna contra el cáncer de pulmón ya está en proceso de registro en México ante Cofepris por la empresa Adentech SA de CV. Debido a que aún deben realizarse estudios clínicos en México, se calcula que la vacuna podría comenzar a comercializarse en el país en aproximadamente 40 meses.


Por ser las naciones desarrolladoras, Argentina y Cuba fueron las primeras en lanzar al mercado el nuevo tratamiento. En Cuba, el medicamento es gratuito, pero en Argentina es comercializado por el Laboratorio Elea, con el nombre de Vaxira®.


Cada vacuna cuesta alrededor de 1,750 dólares, costo que es cubierto por el Estado o por las empresas de medicina prepagada de este país.Un laboratorio brasileño ya compró la licencia exclusiva para la distribución de Racotumomab en ese país y semiexclusiva para el resto de América Latina.

Otro laboratorio de Indonesia abastecerá a 10 territorios del Sudeste Asiático, mientras dos firmas más comercializarán la vacuna en  India y Turquía.


De sur a norte


La vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón rompe paradigmas que van más allá del terreno científico, porque es la primera vez que la ruta de un medicamento innovador va de sur a norte del planeta, en lugar de difundirse en la dirección contraria, como ocurre tradicionalmente dado el poder económico de los laboratorios de los países de primer mundo.


Marca, de alguna manera, que América Latina está en condiciones de desarrollar productos innovadores de este tipo”, considera Daniel Alonso, director científico del Consorcio de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i).


Hay un mensaje muy claro para los países de Latinoamérica, añade el oncólogo: la inversión científica tiene que verse como una política de Estado, sobre todo porque los resultados son a muy largo plazo, como lo demuestran los 18 años de inversión económica y humana que se requirieron para el desarrollo de esta vacuna.

 

Fuente: Quo

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