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Buenos hábitos para la salud, pero perjudiciales para los dientes

Publicado el: 05 de Junio de 2020

Buenos hábitos para la salud, pero perjudiciales para los dientes

Hace 6 o 7 años aprendí que la técnica que empleaba para cepillarme los dientes no era la correcta, lo que me provocó sensibilidad al calor y al frío.

¿A quién no le gusta lucir una sonrisa agradable y fresca? Siempre he sido diligente a la hora de cepillarme los dientes al menos dos veces al día.

Pero hace seis o siete años aprendí que la técnica que empleaba no era la correcta. Como siempre tenía prisa, solía frotarme con el cepillo frenéticamente, por lo que después de décadas de limpieza excesivamente vigorosa, desarrollé una incómoda sensibilidad al calor y al frío.

El dentista me explicó que el esmalte, o la capa protectora, se estaban desgastando, dejando al descubierto la dentina inferior, lo cual propicia la sensibilidad dental. Entre otras cosas, me sugirió cepillarme suavemente arriba y abajo, en vez de hacerlo con agresividad, y dedicarle  dos minutos al cepillado.

“Es un caso típico”, afirma el doctor Euan Swan, director de programas dentales de la Asociación Dental Canadiense. “El paciente se siente orgulloso de cepillarse los dientes con fuerza, pero en realidad los está dañando”.

Cuando desarrollamos hábitos para mejorar nuestro bienestar, no siempre somos conscientes de los problemas que podemos provocar en los dientes

“En términos de salud, éstos suelen ser nuestra última prioridad. Solemos pasar muchas cosas por alto”, señala el doctor Mark Parhar, de Columbia Británica, Canadá, especialista en el tejido blando interno de los dientes. 

A continuación enumeramos siete prácticas comunes que afectan tu salud bucal, y qué puedes hacer para detener el daño.

1. Cepillarse los dientes después de comer

¿Tu rutina por la mañana incluye cepillarte los dientes inmediatamente después de desayunar? ¡Felicidades por cepillarte con regularidad! Pero necesitas hacer un ajuste: cuando comes algo ácido, como naranjas o tomates, el esmalte se debilita temporalmente y se vuelve susceptible al desgaste abrasivo.

Si te cepillas los dientes con fuerza, puedes eliminar el esmalte y hacer que tu dentadura se vuelva sensible. Esto empeora al pasar los años, pues las encías suelen retroceder con la edad, exponiendo más superficie radicular.

Las raíces de los dientes no están cubiertas por esmalte, sino por una capa llamada cemento dental.

Si quieres tomar precauciones, espera aproximadamente 30 minutos antes de cepillarte.

La saliva es un agente neutralizador que reduce la acidez del ambiente bucal, pero esto lleva tiempo”, afirma Geraldine Cool, dentista de Alberta, Canadá, y presidenta de la Asociación Canadiense de Higienistas Dentales.

Comer cierto tipo de lácteos, como queso cheddar, puede aumentar el pH del interior de la boca y liberar calcio y otras sustancias que combaten la placa dental; a su vez, enjuagarte la boca con agua puede ayudar a limpiar la suciedad entre los dientes.

Otra opción es cepillarte antes de comer algo ácido, en vez de hacerlo después.

2. Tomar medicamentos que causan sequedad bucal

Es posible controlar una enfermedad crónica tomando los fármacos recetados por el médico. Desafortunadamente, si tomas uno o varios medicamentos, entre ellos ciertos antidepresivos y analgésicos, que tienen como efecto secundario reducir el flujo de saliva, tu salud bucal podría verse afectada

“Los pacientes que toman este tipo de fármacos suelen tener la boca seca y corren un mayor riesgo de desarrollar caries”, afirma Swan, “pues no hay suficiente saliva para eliminar físicamente los restos de alimentos o sustancias ácidas”. 

La solución no es dejar de tomar el medicamento, a no ser que el doctor ofrezca una alternativa que no presente dichos efectos secundarios. 

Para aumentar el flujo de saliva puedes tratar de beber agua durante el día, masticar chicles sin azúcar, tomar pastillas que contengan xilitol o usar atomizadores y geles diseñados específicamente para evitar la boca seca.

3. Hacer ejercicio sin protección para los dientes

Existen muchas formas de actividad física que benefician a nuestro organismo. El ejercicio es bueno para la salud cardiovascular, el control del peso y el sentido del humor.

No obstante, participar en deportes de alto impacto, como las artes marciales, podría ocasionar daños en los dientes si no los protegemos adecuadamente.

Un protector bucal hecho a la medida (y ajustado por el dentista) proporciona un acojinamiento alrededor de los dientes en caso de recibir un golpe en el rostro. Su uso puede ser indispensable cuando hay riesgo de contacto físico, ya sea en una pista de hielo o en una cancha de baloncesto.

“Si no llevas protector bucal, es más fácil que te rompas o fisures algún diente, y cuesta mucho trabajo reparar el daño después”, comenta Parhar, experto en odontología deportiva.

El ejercicio intenso también podría afectar la cantidad y calidad de la saliva. Un estudio de 2015 hecho a triatletas, publicado por el Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, reveló que cuando los atletas estaban activos disminuía su flujo de saliva, en tanto que el pH aumentaba.

Ambos cambios pueden tener un impacto negativo en los dientes, lo cual implica que cualquier persona que practique deportes de manera habitual debe ser meticulosa en cuanto a su higiene y cuidado bucal.

4. Beber agua de limón

Se dice que beber agua con jugo de limón recién exprimido ayuda a la digestión, fortalece el sistema inmunitario y limpia el cuerpo de toxinas.

“Me gusta tomarlo tibio por las mañanas, sobre todo cuando hace frío”, dice Christine Peets, mujer de 64 años oriunda de Ontario, Canadá, quien bebe agua con limón a lo largo del día para mitigar sus problemas digestivos y mantenerse hidratada.

No obstante, empezó a preocuparse cuando un familiar suyo, aficionado también a esta bebida, descubrió que su esmalte dental se estaba debilitando. Así que Peets consultó a su dentista.

El agua con limón puede ser una tendencia popular, pero los jugos de frutas ácidas son los principales culpables en cuanto al desgaste dental ocasionado por la alimentación.

“Aunque diluyas el jugo de limón en agua, el nivel de acidez en la boca aumenta. Si bebes esto dos o tres veces al día, durante un periodo prolongado, puede ser causa de preocupación”, señala Cool.

El dentista de Peets le aconsejó que retrasara el momento de cepillarse los dientes y que lo hiciera después de beber el agua con limón. 

También le recomendó probar una pasta especial para dientes sensibles y cepillarlos con menos fuerza. Ingerir la bebida con rapidez no es la solución ideal, pero es mucho mejor que hacerlo lentamente; utilizar un popote (pajilla) también podría disminuir los efectos perjudiciales.

Asegúrate de que el agua no esté muy caliente, pues esto aumenta el daño en los dientes. Y si piensas tomar bebidas ácidas, Cool sugiere beber después un vaso de agua natural, sin gas.

5. Masticar hielo

El hielo no aporta calorías ni azúcar, refresca en un día caluroso, normalmente tiene un pH neutro y no se adhiere a los dientes. Tomando todo esto en cuenta, ¿no sería más saludable masticar cubitos de hielo que comer dulces? Resulta que hay desventajas.

“El hielo es muy duro”, afirma el doctor Hendrike van Drie, especialista en enfermedades periodentales de Maastricht, Países Bajos, y presidente del grupo de trabajo de salud bucodental del Consejo Europeo de Dentistas. 

“Masticar hielo daña los dientes y causa fisuras y fracturas en el esmalte y los implantes dentales”, comenta Van Drie, quien añade que la exposición constante a temperaturas frías puede provocar hipersensibilidad dental.

“En mi consultorio atiendo a algunos pacientes que mastican hielo, y siempre trato de convencerlos de que abandonen el hábito. Lo único que deben hacer es dejar de masticar cosas duras”, afirma Cool. 

El esmalte es probablemente el tejido más duro de nuestro cuerpo, pero cuando se produce un desgaste por uso, existe una mayor probabilidad de que pueda alisar el contorno de los dientes”.

A veces el desgaste es tan grave que incluso cambia la forma en la que se ajusta la mordida, provocando dolor en los músculos de la mandíbula. Cool añade que el hielo puede ser bueno sólo si se deja derretir en la boca.

6. Beber vino a sorbos

Es verdad que consumir alcohol en cantidades moderadas puede ofrecer beneficios a la salud, como reducir el riesgo de padecer diabetes, infartos o apoplejías.

El vino tinto, en particular, contiene componentes que parecen aumentar los niveles de colesterol bueno y ayudan a la salud cardiovascular. Pero si esto representa beber sorbos constantes de vino durante dos horas, los dientes corren peligro.

Es similar al problema del agua con jugo de limón. “Al beber vino, los dientes están expuestos al ácido cada vez que tomas un sorbo”, señala Van Drie. 

Esto no quiere decir que tengas que beber la copa de un solo trago, sino que sería bueno que alternaras un vaso de agua natural con el vino o que lo acompañaras con un poco de queso para reducir los efectos del ácido. 

Toma en cuenta que no todos los vinos son igual de dañinos para los dientes. “El blanco tiene un pH más alto y causa mayor daño en menos tiempo”, explica Van Drie. Por otro lado, el vino tinto puede manchar el esmalte dental.

Entonces, ¿estás pensando en beber mejor agua carbonatada? “El agua mineral con gas también es ácida y puede dañar los dientes cuando se bebe habitualmente”.

7. Optar por agua carbonatada

El agua carbonatada o gasificada es una mejor opción que los refrescos o los jugos azucarados de frutas, pero si es el único tipo de agua que ingieres, podrías estar perdiendo la probabilidad de reducir en 25 por ciento el número de caries.

La Organización Mundial de la Salud recomienda beber agua potable con flúor en los países donde está disponible, pues se ha demostrado que reduce las caries en niños y adultos. Es asequible y sus niveles de fluoruro son bajos y están supervisados; además, es imposible beber tanta como para intoxicarse con dicho compuesto.

“Cuando bebemos agua, ésta se introduce en tu sistema de manera que la saliva tiene algo de fluoruro, esto beneficia constantemente a tus dientes”, afirma Swan. Actúa como protector, especialmente en los adultos mayores, que tienen expuesta parte de la superficie de la raíz dental y son más vulnerables a las caries.

Si está a tu alcance, procura beber de cuatro a ocho vasos de agua potable con flúor todos los días. Ya sea que vivas en una zona rural o urbana, pide que analicen el agua para que conozcas su composición mineral y puedas tener los cuidados y filtros necesarios para consumirla con confianza.


Fuente: Selecciones

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