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Un sustituto para el hueso del cráneo

Publicado el: 24 de Noviembre de 2016

 

Con la finalidad de que pacientes que no podían pagar una prótesis craneal tuvieran acceso a ella, egresados de la Máxima Casa de Estudios desarrollaron un material que permite la sustitución del hueso en operaciones, y así reparar daños en el cráneo y otras regiones óseas.

 

Este invento creado en la Facultad de Química, es moldeable y de fácil asimilación por parte del organismo. Asimismo, sus propiedades son similares al hueso y su costo es mucho más accesible.

 

Este invento fue nombrado Masi-Epoxi® y para su fabricación se utilizaron sales minerales con un componente de calcio y un polímero epóxico, el cual, una vez endurecido se vuelve resistente y firme.

 

Francisco Solís Aguirre, químico y gerente del proyecto “Epóxicos para la Salud”, detalló que una de las ventajas de este material innovador, se encuentra el bajo costo de la operación quirúrgica:

 

Al aplicarse es moldeable y no cambia de temperatura, evitando abrasión a los tejidos circundantes, no se deforma ni afloja con el tiempo, lo cual brinda durabilidad de por vida. Tenemos registro de personas que desde los años 90 se les colocó y la tienen intacta.

 

Explicó que durante la craneoplastía los cirujanos remueven el cuero cabelludo, lo arremangan y queda expuesto el hueso. En las cavidades donde falten porciones óseas, se observa la dura madre que es la membrana que recubre y protege la masa encefálica. Entonces se va colocando la Masi-Epoxi®, material que se va moldeando.

 

En este proceso de aplicación, el médico tiene hasta 40 minutos para moldear, después de 12 horas el material innovador adquiere dureza similar al hueso natural.

 

Esta creación universitaria, que se realizó hace 20 años y desde entonces se ha colocado en más de 500 pacientes, recibió apoyo del Sistema de Incubadora de Empresas InnovaUNAM para su comercialización.

 

Actualmente se utiliza en el Hospital Juárez. No obstante, aún requieren un certificado de buenas prácticas de manufactura y registro sanitario, lo que le permitiría ser comercializado de manera libre en nuestro país.

 

 

Fuente: Fundación UNAM

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