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Manejar mal nuestra emociones, puede ocasionar enfermedades

Publicado el: 25 de Julio de 2016

 

La ansiedad, la preocupación excesiva, el medio ambiente y el estilo de vida influyen de forma significativa en la salud de las personas; incluso, con el paso de los años, pueden tener un efecto marcado.

 

Nuestras emociones tienen un componente visceral tan importante que afectan al organismo, lo que puede provocar enfermedades como gastritis, contracciones musculares o crecimiento de glándulas suprarrenales.

 

Lo anterior forma parte del trabajo de investigación que se realiza en el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM. Ahí se han dado a la tarea de averiguar la forma en la que ciertos sentimientos, como el odio o el amor, influyen en nuestro cuerpo.

 

Rafael Salin-Pascual explica que cuando un estado emocional no se revuelve de manera favorable, se generan manifestaciones orgánicas como gastritis, colitis, algunas formas de migrañas o tensión muscular crónica. Esto se conoce como trastornos psicosomáticos.

El investigador universitario refiere que recientes descubrimientos han demostrado que las regiones del cerebro relacionadas con el odio son las mismas que se activan cuando una persona experimenta amor romántico, lo cual explica que ambas pasiones conlleven actos irracionales y agresivos.

 

No obstante, la diferencia fundamental radica en que con el amor se desactivan las partes de la corteza frontal relacionadas con el juicio y el razonamiento, mientras que el odio sólo es capaz de desactivar una pequeña parte.

 

Salin-Pascual comenta que no hay un sistema para cada emoción porque son multicerebrales.

 

“El odio, por ejemplo, es un hambre que nunca se acaba y lleva a que la gente desarrolle una serie de estrategias para lograr un objetivo como la venganza. Este sentimiento es el origen de las grandes tragedias”.

 

Resalta que el odio, la venganza y los celos son emociones negativas que no tienen una raíz netamente biológica, pues el entorno social es el que contribuye.

 

 

Fuente: Fundación UNAM

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