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Sección Odontólogos

El reto de emprender como dentista compaginándolo con la maternidad

Publicado el: 11 de Julio de 2016

 

emprender maternidad

Marisa Alcocer Sánchez es dentista, emprendedora, profesora, madre y todavía saca tiempo para preparar su tesis de doctorado que presentará en 2017. Ella es Marisa Alcocer Sánchez (37 años), una mujer valiente y decidida que ha apostado fuerte por crecer profesionalmente al montar su propia clínica dental, Jardín Botánico.

 

 

Marisa es de origen madrileño. A la hora de elegir carrera estuvo dudando entre medicina, fisioterapia y odontología. Lo que si tenía claro es que quería estudiar algo relacionado con la rama biosanitaria, ya que le atraía mucho el contacto médico-paciente. Finalmente se decantó por odontología y nunca se arrepintió. «Lo cierto es que la carrera me sorprendió muy gratamente. La hice en la Complutense y me resultó muy práctica», asegura.

 

 

Siempre tuvo claro que tarde o temprano acabaría abriendo su propio gabinete, pero era consciente de que debía adquirir experiencia antes de emprender. Por ello, desde 2003 ha estado trabajando en diferentes clínicas, sobre todo en Valladolid y también en Madrid. La formación ha sido una constante en su vida. Implantología, ortodoncia, estética dental... Marisa ha realizado infinidad de cursos ya que considera que «para diagnosticar bien, hay que estar al tanto de todas las especialidades para poder dar mayores oportunidades al paciente y solucionar mejor su problema», explica.

 

 

La docencia ha sido otro de los pilares fundamentales en su vida. Desde pequeña tuvo una fuerte inquietud por enseñar a los demás y desde hace tiempo dedica gran parte de su jornada a su labor como profesora ayudante de odontología conservadora, cirugía bucal y ortodoncia en la universidad Miguel de Cervantes.

 

 

Su padre era el que más le animaba a dar el paso a establecerse por su cuenta y estuvo a punto de hacerlo en varias ocasiones, pero el fallecimiento de su progenitor le hizo frenar sus ganas. Además, en su cabeza existía un fuerte conflicto interno: «Quería emprender, pero a la vez también quería ser madre y no sabía si podría compaginarlo todo. Dudaba si primero debía emprender y luego tener familia, o mejor hacerlo al revés. Deseaba hacer las cosas bien, y que nadie sufriera por una mala decisión mía», recuerda.

 

 

Asegura que durante unos años siguió trabajando «por inercia», hasta que otra pérdida muy importante, la de un bebé, le hizo decidirse y seguir adelante para perseguir su sueño. «Supe que era mi momento. Era ahora o nunca. Encontré las fuerzas necesarias y me lancé al emprendimiento», se emociona.

 

 

Finalmente, la disyuntiva de elegir qué ser primero, madre o empresaria, se solucionó por si sola. Hace 14 meses nació su pequeña Olivia y poco después inició la reforma del local, que se alargó más de lo esperado. Atrás quedaban meses de esfuerzo, de permisos y obras y el pasado mes de diciembre, la Clínica Dental Jardín Botánico se convertía en realidad. Ser su propia jefa le ha obligado a reinventarse para conciliar mejor su vida familiar con la laboral, y ahora está encantada porque puede dedicarse a lo que más le gusta, la odontología, y a lo que más quiere, su hija Olivia.

 

 

Odontóloga... y empresaria

Esta emprendedora no está sola en su clínica. Tiene contratada a Luisa, una higienista con la que trabajó anteriormente y con la que hizo muy buena amistad. Además, también recibe mucha ayuda por parte de su marido, ilustrador de profesión, que es quien le ha diseñado la imagen corporativa y los flyers que buzoneó en el vecindario.

 

 

«He tenido que cambiar el chip. Antes simplemente era dentista y mi trabajo se limitaba al gabinete. Ahora, además, soy empresaria y tengo obligaciones y tareas administrativas, burocráticas, de bancos… Pero al final de todo es muy satisfactorio y compensa. Lo que más valoro de todo es el hecho de poder decidir cosas que antes, trabajando para otros, no podía ni plantear, como puede ser el tipo de trato al paciente o los materiales y técnicas a utilizar»,subraya esta odontóloga.

 

 

Marisa es consciente de que muchas personas sufren miedo y ansiedad ante la visita al dentista. Esta fobia, según su opinión se origina por motivos culturales. «Antiguamente los tratamientos eran dolorosos y traumáticos, y acababan la mayoría de las veces, con la extracción de los dientes. De ahí la fama que tenemos los dentistas. Además, la gente se siente indefensa porque al tener la boca abierta, no se pueden comunicar. Por este motivo, yo antes que pacientes, lo que yo trato son personas. Intento crear un buen ambiente, para que se sientan a gusto y darles confianza para que si tienen que pedir que el tratamiento se detenga, lo hagan sin reparo», aclara.

 

 

Este es un testimonio real que demuestra que sí se puede ser odontólogo, empresario y tener una familia.

 

 

 

 

 

Fuente: El Norte de Castilla

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