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Las conductas ofensivas se contagian, como si se trataran de una enfermedad

Publicado el: 01 de Diciembre de 2015

 

Recientemente investigadores realizaron un video en cámara lenta para identificar como en un estornudo se pueden contagiar enfermedades. Ahora una nueva investigación toma el primer paso en identificar otro tipo de amenaza contagiosa: el comportamiento grosero.

 

En una serie de estudios, los científicos de la Universidad de Florida, han demostrado que ser el objeto de alguna ofensa, o simplemente testigo de mal comportamiento, induce al comportamiento grosero. Quienes han sido expuestos a groserías tienden a tener conceptos asociados con la indecencia en su mente y por lo tanto pueden interpretar conductas ambiguas pero benignas como groseras. Además son más propensos a portarse groseros con los demás y evocar hostilidad, negatividad e incluso venganza de los demás.

 

El descubrimiento de que el comportamiento negativo genera comportamiento negativo no es nuevo, como investigadores demostraron hace décadas que los individuos aprenden indirectamente y repetirán acciones destructivas. Por ejemplo, en el infame experimento del muñeco Bobo, los niños vieron como un adulto golpeaba a un muñeco Bobo con un mazo o le gritaba, después repetían el comportamiento siendo abusivos con el muñeco.

 

Sin embargo, los trabajos previos en el efecto de contagio negativo se han enfocado principalmente en comportamiento de alta intensidad como violencia física o gritos que son relativamente poco frecuentes en la vida diaria. El nuevo estudio analizó los comportamientos de baja intensidad, del tipo que presenciamos en el día a día con nuestros compañeros de trabajo, clientes y pares.

 

Por medio de cuatro experimentos – en donde los participantes fueron expuestos a conductas agresivas por parte de compañeros, en distintos grados, y después tuvieron que resolver situaciones – los investigadores descubrieron que observar comportamientos groseros sensibilizó a los participantes a estar más al pendiente de las conductas ofensivas, que ésta sensibilidad es específica y puede provocar una respuesta similar y que las conductas groseras afectaron la mentalidad y la forma en que los individuos respondían a las groserías. El último experimento reveló el peor efecto secundario a la exposición: observar conductas ofensivas hace que las personas sean más groseras.

 

De forma general, los datos obtenidos por los investigadores sobresaltan como nos puede afectar la exposición a las conductas groseras de otros, incluso sí sólo fuimos espectadores.

 

Los resultados fueron publicados en Journal of Applied Psychology.

 

Fuente: Muy interesante 

 

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