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La saliva, una aliada de nuestra salud bucal

Publicado el: 17 de Diciembre de 2014

 

La saliva está compuesta entre un 96% y un 99% por agua. El resto lo componen numerosas partículas orgánicas e inorgánicas, entre las que destacan proteínas, glucoproteínas, hidratos de carbono, electrólitos, células epiteliales descamadas, urea, ácido úrico, hormonas y leucocitos.

 

Nuestro organismo segrega entre 1 y 2 litros diarios de saliva a través de las glándulas salivales, que se agrupan en función de su tamaño en mayores o menores y se distribuyen a lo largo de la cavidad bucal y de las zonas adyacentes. Su nivel de acidez (pH) oscila entre el 6,3 y el 6,8. Pero, ¿para qué sirve la saliva?

 

Funciones de la saliva

 

Las funciones de la saliva son muchas y muy variadas, destacando la de garantizar un correcto proceso digestivo, pero también tiene funciones protectoras y desinfectantes de nuestro organismo.

 

Digestión: La saliva humedece los alimentos que ingerimos ayudando a confeccionar el bolo alimenticio, de manera que podamos tragar con facilidad y evitar atragantamientos. Sin la ayuda de la saliva la digestión de los alimentos resultaría imposible.

 

Sabor: Facilita la sensibilidad gustativa de la cavidad oral y estimula las papilas gustativas de la lengua, encargadas del gusto.

 

Articulación de sonidos: Sin la saliva los sonidos que emitimos no serían los mismos. Esta valiosa sustancia es un agente lubricador excelente de nuestra laringe, imprescindible para una correcta fonación.

 

Alarma contra la deshidratación: Su producción depende en gran parte del agua que consumimos. Una boca seca nos estará indicando que no hemos consumido suficiente líquido y que corremos, por tanto, riesgo de deshidratación.

 

Analgésico: En un estudio realizado en el Instituto Pasteur, publicado en 2006 en la revista PNAS, se detectó en la saliva un componente excepcional: la opiorfina. Esta sustancia tendría unos componentes analgésicos superiores a los de las endorfinas (los otros analgésicos endógenos) y podría ser de gran utilidad en el tratamiento clínico del dolor.

 

Un protector indispensable de la boca
En nuestra salud bucodental, la saliva es nuestra gran aliada, ya que:

 

Protege el esmalte: Los iones de calcio, fosfato y flúor, al unirse a la hidroxiapatita del esmalte, forman nuevos componentes más resistentes que evitarán la corrosión del esmalte, puesto que necesita concentraciones adecuadas de fosfato. Otros componentes, como las mucinas, se fijan en la superficie del esmalte, revistiéndolo y favoreciendo su protección y reconstrucción continuas.

 

Mantiene el pH neutro de la cavidad bucal: Gracias a la saliva, nuestra boca mantiene su equilibrio de acidez, lo que favorece la limpieza de restos de alimentos y dificulta la formación de placa. El nitrato que acumula la saliva impide que aumente el ácido destructor de los dientes.

 

Arrastra la capa bacteriana: La producción constante de saliva arrastra las placa bacteriana que se haya podido formar y que no está todavía bien adherida.

 

Destruye bacterias: Además, a través de sus enzimas, es capaz de perforar las paredes celulares de ciertas bacterias, haciéndolas explotar. Una vez en el estómago, la saliva reacciona con el ácido gástrico, ayudando a destruir algunos de los patógenos que hayamos podido ingerir con los alimentos.

 

 

Fuente: Original (Dr. Rainer Wild Stiftung, Internationaler Arbeitskreis für Kulturforschung des Essens. Mitteilungen 2008, H. 16, S. 34–42. 

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