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Sección Odontólogos

Crisis en odontología

Publicado el: 11 de Diciembre de 2014

 

“Por un papanicolau, reciba limpieza dental de cortesía”. Así reza un reciente anuncio, que no indica si se cambian los guantes entre un procedimiento y otro. Lo escribo así de grotesco, pues entre los muchos anuncios que causan indignación gremial subyace el tema de los precios inexplicables (más baratos que los materiales que han de emplearse).

 

Hace 20 años, la Dra. Guillermina Jiménez decía que, si en América Latina se triplicaba el número de odontólogos y se les ponía a trabajar a tiempo completo, no acabarían ni en 20 años con las necesidades acumuladas. En el mundo, el aumento de odontólogos no ha resuelto las necesidades y ha generado desempleo profesional porque el modelo de atención sigue siendo el mismo: curativo, no preventivo y accesible básicamente a quien pueda pagar los costos de atención privada. En España, por ejemplo, están exigiendo “odontólogos de calidad” y un “ numerus clausus ” para poner tope a la admisión universitaria, a fin de no graduar profesionales que estén destinados al desempleo o subempleo.

 

El equivalente nacional estipularía que en Costa Rica solo podrían incorporarse al Colegio de Cirujanos Dentistas quienes se hayan graduado de una universidad acreditada por Sinaes, y además, establecer cupos de ingreso anuales.

 

Problema serio. El problema en el país es serio. Algunos vendieron la idea de que un dentista recién graduado ponía un rótulo y rápidamente tendría una fila de gente por atender, y un Mercedes-Benz en su cochera. La odontología se puso de moda y todos los chiquillos recién graduados del colegio querían ser dentistas. Así, se quintuplicaron los odontólogos, al tiempo que las necesidades acumuladas crecieron en forma proporcional al subempleo y desempleo profesional, y han hecho surgir formas de competencia tildadas de desleales: fundaciones que contratan  a odontólogos a los que pagan el salario mínimo de ley y se dedican a vender servicios a tarifas menores que las establecidas por el Colegio; odontólogos que anuncian servicios a precios inexplicables en función de los costos.

 

Ante la actuación del Colegio, los dentistas envían correos en los que se disculpan con el gremio y reconocen haber faltado a la ética profesional por anunciar tarifas menores que las fijadas e, incluso, por poner a personal no profesional a realizar tratamientos (nótese que, al menos en un caso en que hubo una disculpa de este tipo, el Colegio no acusó ejercicio ilegal de la profesión; simplemente, la colega pidió perdón por haber puesto personal no profesional a realizar tratamientos); además, se comprometen a no continuar con tales prácticas. Siempre con distintos actores, una semana tras otra, los dentistas seguimos recibiendo correos de disculpas.

 

“La realidad”, no obstante, parece un caleidoscopio y depende del cristal y el ángulo con que se mire.

 

En el ámbito profesional, un grupo de odontólogos especialistas (graduados en reconocidas universidades extranjeras) trabaja, principalmente, para un mercado extranjero a un costo bajo para los foráneos, pero demasiado alto para los costarricenses promedio que requieren sus servicios.

 

Embate de la crisis. La gran mayoría que ejerce la odontología general ha sufrido el embate de la crisis por dos causas: las personas han visto reducidos sus ingresos y optan por eliminar el cuido y la atención dental de sus prioridades, y, además, la aparición de las “fundaciones” los coloca en una situación de desventaja para quien escoge simplemente por precio. Hay gente que llega a los consultorios y no pasa de la puerta, pues caminan de un lado a otro buscando los precios más bajos.

 

Los odontólogos de reciente graduación parecen estar en tres grupos: los que tienen facilidades para irse a especializar fuera del país; los que instalan su propia clínica y se aventuran a hacer clientela (sobreviviendo con el dinero de la familia); y los que subsisten trabajando para terceros mediante pago por porcentaje en clínicas de otros colegas o por salario fijo en “fundaciones”... o trabajando en cualquier cosa que no sea odontología (como taxistas, en call centers, etc.).

 

En términos de calidad académica, no todas las Facultades de Odontología están acreditadas, y otra discusión es la relacionada con Conesup, que autoriza las carreras con los papeles presentados, pero no las desautoriza cuando, ya abiertas, resulta que la realidad no concuerda con "el papel".

 

Del lado de la demanda, las personas tienen acceso a los limitados servicios de la CCSS (que no los oferta todos) o al sector privado (según su posibilidad de pago).

 

Las prestaciones que, en general, se realizan suelen ser curativas y rehabilitadoras, incluso estéticas, pero poco se ha avanzado en la promoción efectiva de la salud mediante la enseñanza de técnicas preventivas que conduzcan a cambios significativos en procura del autocuidado y mantenimiento de la salud personal. Basta con montarse en un autobús o ingresar a una pulpería o supermercado para observar en las bocas de las gentes sus evidentes necesidades de tratamiento.

 

La conclusión es obvia: hay demasiados dentistas para quienes están pudiendo pagar por sus tratamientos. Hay demasiadas necesidades acumuladas que pueden ser nichos de trabajo para los 4.821 dentistas colegiados (al 25/11/2014); solo en el último año se inscribieron más de 200. La recomendación de la OPS es de un odontólogo por cada 3.000 habitantes. Siendo un país de 4.301.712 habitantes (INEC), en Costa Rica hay un odontólogo por cada 1.000 habitantes.

 

Muchos retos. Son, entonces, muchos los retos. El camino para lograrlo no es fácil, pero definitivamente debe llevar a la agenda de discusión las políticas de salud dental, con un cambio del modelo curativo y restaurador hacia un modelo integral, y con una (re)valoración de los dientes.  Desde la óptica del empleo profesional, sería deseable que la CCSS abra plazas para satisfacer las demandas acumuladas e insatisfechas porque, como está probado, el sector privado por sí solo no resuelve.

 

Sobre las tarifas, causa de desencuentros entre quienes creen que bajando precios aumentan clientela y quienes defienden que hacerlo riñe con la ética, quizás pronto se pueda dilucidar si es constitucional y legal que el cobro de honorarios profesionales esté regulado, pues la misma Junta Directiva informó, en octubre de 2013, de que el Colegio y sus directivos tenían en su contra demandas millonarias a nivel penal (injurias, calumnias y difamación) y contra las tarifas (contencioso administrativo y otros). Con la resolución de estos casos, la suerte que corra el Colegio de Cirujanos Dentistas tendrá repercusiones en todos los demás colegios profesionales.

 

Por ahora, valga reiterar la necesidad de fortalecer las políticas públicas de salud dental que permitan ampliar los mercados de trabajo y la demanda de servicios, con base en la toma de conciencia sobre la importancia de tener una dentadura sana.

 

 

Fuente: Nación

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