Sección Odontólogos

¿Desde cuándo existen los dentistas?

Publicado el: 19 de Abril de 2017

 

 

Los dientes que sostenía Roberto Macchiarelli entre sus dedos eran un auténtico tesoro para la ciencia. Sus 7.500 años de antigüedad no dejaban de ser una anécdota comparada con lo que al fragmento de dentadura le faltaba. Su valor no residía en lo que tenía, sino en lo que no tenía. Porque aquel pequeño trozo de molar perteneciente a la colección de varias mandíbulas desenterradas en Pakistán por el equipo de la Universidad de Poitiers estaba horadado. Le faltaba un trozo, pero no un pedazo fragmentado al aza sino un pequeño círculo en las paredes del hueso que sugerían que aquellos dientes habían sido taladrados.

 

 

Otras piezas descubiertas en la zona mostraban muescas similares. Los estudios radiológicos confirmaron que el esmalte había invadido parte de la cavidad después de haberse practicado los taladros, lo que evidenciaba que la operación sobre ellos se había realizado cuando los individuos, dueños de aquellas mandíbulas, aún estaban vivos.

 

 

¿Cuál sería el objetivo de aquellas perforaciones? Parecía poco evidente que se tratara de prácticas decorativas o rituales, ya que en la mayoría de los casos las piezas intervenidas eran molares muy profundos, que no se ven habitualmente a menos que se abra en extremo la mandíbula.

 

 

Algo fascinante estaba a punto de descubrirse y ese algo tendría mucho que ver con la historia de la medicina. Y es que Macchiarelli presentó, en abril de 2006, los resultados de su investigación y la explicación más plausible para tan peculiares observaciones: aquellos dientes eran la evidencia más antigua jamás descubierta de la práctica de la odontología. Nuestros antepasados que ocupaban hace 7.500 años lo que hoy conocemos por Pakistán ya tenían dentistas a su disposición.

 

 

Se cree que el objetivo de aquellas perforaciones no era otro que tratar de aliviar los terribles dolores molares de nuestros ancestros. La mayoría de las mandíbulas descubiertas mostraban rasgos de decadencia dental y más de una había llegado a extremos elevados de infección, lo que tendría que haber supuesto un auténtico suplicio para los pacientes. Es cierto que no menor tortura parece haber sufrido un taladro de aquellas características 7.500 años antes de la invención de la novocaína y al menos 2.000 antes de que pudieran si quiera, aliviarse con un trago de licor.

 

 

 

Fuente: La Razón 

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